Publicación de la Red Nacional de Mujeres

Excombatientes de la Insurgencia

CALLE ARRIBA, LA CASA GRANDE

Cuando hablamos de pedagogías para la paz hay quienes dicen rápidamente: ¡ah, ya! Pero también hay quienes se quedan pensando sobre la complejidad de la pedagogía, como si fuera muy académico o algo así y por eso invitamos a dos amigas de Medellín a participar en este número con una historia que nos contara sobre experiencias pedagógicas que nos ayuden a aprender a reconocer cómo es que se hace paz. Se hace paz en la Casa Grande, ese lugar que nos relatan oral y visualmente las autoras y también se hace paz cuando contamos lo que vemos. #SembramosPaz

 

 

Por: Andrea Montoya (texto) y

Maira Montoya (ilustración)

 

 

Como una columna vertebral que se traza entre las casas anaranjadas por el color de los ladrillos, desde abajo amplias y grisáceas, anchas por doquier, calle arriba se ve cuando se hacen cada vez más artesanales, estrechas, filudas y faldudas; se abren espacio entre las cada vez más juntas casitas coloridas; casi buscan terminar con lo que antes fueron estrechas trochas, arrieros caminos que abrazan aquel imponente morro que sobresale con sus brazos abiertos, saludando al oriente,  con sus pies bien puestos en el occidente, ese occidente que se piensa, que resiste, que se sueña y que tiene en lo alto una casa donde la ilusión funda el camino, una casa de amplios corredores, por donde crece la confianza y se siembran fuerzas para nuevos destinos posibles, hace más de 30 años, en el espacio que la Corporación para el desarrollo Picacho con Futuro abrió las puertas de la casa y eso hace que resista, que no las cierre.

 

Y es allí en Picacho con Futuro, donde se cuida del sueño de la comunidad reflejado en los ojos ardientes de los niños y niñas al ver por primera vez una obra de teatro, al cumplir el deseo de bailar, de jugar, de descubrir nuevas formas de aprender y compartir sus saberes. En la casa bellas y pomposas mujeres cocinan recetas ancestrales de plátano, yuca y papa, nunca nadie se queda sin su cucharonado, y como la familia que son se sientan a la mesa para comer juntos, para contarse los anhelos, para compartir los triunfos y preparar los venideros.

 

 

En la casa pasan cosas mágicas, quienes tienen miedo de confiar encuentran un espacio para esperanzarse, para proponer. La resonante y urgente juventud adorna con ideas cada espacio, tienen encargado cuidar del amor, de ese que se propone como acto revolucionario en el abrazo, en la sonrisa y el beso, ellos colectan los abrazos donados y se encargan de compartirlos para que los mayores les den un toque de sabiduría y los conviertan en historias de asombro para contar y vivir, estos le dan su legado a las niñas y niños encargados de derrochar sonrisas, pulidas vivamente para que la casa siempre este iluminada y calurosa.

 

 

En esta familia cada habitante tiene una misión, un lugar, un saber que donar y un acto para construir paz, no esa que se lee, sino esa que se siente, se vive, se camina, se transita, esa que motiva el volver a escuchar, volver a mirar la ciudad desde arriba con oportunidad, con anhelo de paz, pero de esa que se teje, mano a mano, día a día.

 

 

 

Ven a la casa grande, trae un sueño para donar y una oportunidad que recibir, abre los brazos como lo hace el cerro el picacho a la ciudad y recibe un sentido para latir. Ven, ven a la casa Picacho con Futuro.

 

 

 

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