Publicación de la Red Nacional de Mujeres

Excombatientes de la Insurgencia

Nº13

 

JUN 2018

ESPERANZA

secciones

ISSN: 2539-3138

Ilustración: Paola Escobar

Llegar al número 13 de una revista trimestral es un logro y nos fortalece la esperanza. Los medios alternativos no florecen fácil y las voces divergentes son extrañas en un país sumergido en la confusión del final de un conflicto. La esperanza de lograr la paz se abre a paso lento y con dificultades y los aprendizajes están a la orden del día. El compromiso es enorme porque hemos aprendido que las ciudadanías están buscando su espacio de participación, que se inicia en la decisión de votar para elegir gobernantes, pero cuyo camino por recorrer es mucho más fructífero para el país. La participación política en una sociedad regida por un remedo de democracia, donde la corrupción anula la conciencia, es un reto que exige valentía y decisión para salir del marasmo que nos ha cubierto de letargo durante los largos años de la guerra endémica que ha significado la hechura de la República.

 

La esperanza se ha mantenido a pesar de los pesares, porque hay una alegría natural, que dicen es congenere de la vida en los trópicos que nos hace personas con disposición abierta a buscar salidas y encontrar alternativas. No es una generalidad geográfica, ni un condicionamiento climático, es una manera de proteger la esperanza, para que los males de las guerras se puedan transformar en acciones benéficas de paz. La esperanza se cultiva de igual manera que una planta o un sembrado. La paz se alimenta de esperanza, sobre todo en un país donde es perseguida porque alguien decidió que es insurrecta. Lo privado y lo doméstico en el transcurrir diario son lugares y momentos donde la siembra de la paz se hace perentoria, de la misma manera que en la escena pública. En la caminada al mercado se puede deleitar a la esperanza, en la actitud cuando se hace uso colectivo de los servicios públicos se puede ejercer el derecho a la paz; en la manera de acompañar a una niña, a un niño cuando hace las tareas se nutren las semillas de la armonía; en el respeto y el uso del sentido común cuando se hace fila en el banco, se habitan las calles y los parques y se asume la vecindad se alimenta la esperanza para que retoñe la paz. Las esperanzas son inicios y finales de caminos, el tenerlas vivifican las actividades y mantienen vivas las utopías. Aunque frágil todavía, ellas, las esperanzas, se van anidando y enraizando en millares de personas en este país entumecido por el miedo.

 

Llegamos al número 13 con la esperanza a flor de piel, con el corazón sintonizado con la paz, con la posibilidad de salir del oscurantismo, de la lógica de la competencia, del proyecto paramilitar de la posverdad y de la impunidad, como una manera de gobernar. Hemos vivido un periodo largo de miedo, de ansiedad, de frustraciones, de mentiras y de abusos de poder. El engaño ha sido un lugar común y se ha naturalizado una manera de abusar y sacar partido heredada del narcotráfico.

 

La redes sociales, los medios de comunicación, el universo de la Internet en su globalización han permitido que las ciudadanías se manifiesten frente a audiencias impensadas y las voces de la gente del común se oigan y se conversen, se manifiesten y se organicen para ejercer su derecho a organizarse, a protestar, a comunicarse, a ejercer sus ciudadanías, para hacer veedurías, para democratizar los relatos y comprender las diversidades, en sus aspectos positivos, que se convierten en herramientas para ser alternativas de las expresiones políticas. Nosotras, como revista de la RedMujerex, somos parte de esta corriente internauta que expande la esperanza en el trabajar por una sociedad con plenos derechos ciudadanos.

 

El #13 de La13 cierra un ciclo de la revista. Nos plantea nuevos retos y nos lleva a pensarnos desde una apuesta de pedagogías para la paz, desde la activación de las ciudadanías libres en el ejercicio del periodismo ciudadano, tomando a las memorias como la materia prima. Persistimos en medio de las adversidades personales y colectivas, porque hemos logrado mantener nuestra voz con el sueño de transformar la sociedad, porque estamos aportando nuestras voces y nuestras experiencias en esta esperanza nacional de sembrar la paz.

 

 

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