Publicación de la Red Nacional de Mujeres

Excombatientes de la Insurgencia

Las semillas, como el origen del alimento primigenio,  han nutrido a la humanidad a través de los siglos en todo el orbe sin que nos detengamos a pensar cómo es que cada semilla germinó y se propagó. Esos procesos han cambiado de maneras inconcebibles para cualquier mente desprevenida, pero lo que sí podemos entender sin razonamientos profundos, es que esos procesos de producción, distribución y consumo han sido parte de los modelos económicos que conocemos y que aún está en nuestras manos la posibilidad de generar soberanía alimentaria en nuestros territorios.

#SembramosPaz

 

Por: Malupe Rayo

 

             Foto:  www.clarin.com

 

Al tomar conciencia de la vida empiezan a surgir preguntas que nos llevan a replantear una seria responsabilidad con nuestra participación, cuidado, bienestar y por consiguiente, a recuperar y rescatar la sabiduría ancestral como un legado universal que tiene la función de proteger y promover formas ancestrales de preservación de la tierra y de sus entidades vivientes.

 

Pero, indaguemos…

 

1. ¿Cuál es el papel que desempeña la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Colombia?

 

Para la FAO, es fortalecer la conservación y el uso sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura mediante el apoyo a las políticas, la asistencia técnica y la concienciación.

 

2. ¿Qué trabajo se ha desarrollado entre la FAO y las entidades del Gobierno Colombiano?

 

Según ellos, se ha permitido definir de manera participativa y consensuada cinco áreas programáticas que guiarán la cooperación técnica de la FAO para el período 2015-2019.

 

  • La alimentación y lucha contra la malnutrición
  • Recursos naturales y gobernanza de los bosques, las tierras y el agua
  • Innovación Social y tecnológica para sistemas agroalimentarios sostenibles
  • Agricultura Familiar y mercados inclusivos
  • Gestión del riesgo y rehabilitación de medios de vida

 

Además de otras acciones relacionadas con la conservación, diversificación, adaptación, mejora y entrega de semillas a los agricultores a través de los sistemas de semillas.

 

Sin embargo, han surgido discusiones y manifestaciones sociales al respecto. Comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes denuncian que se han visto afectadas por las nuevas formas de agricultura que van en detrimento de sus costumbres, tradiciones, culturas y, en la cosmovisión que ellos tienen de su relación con la naturaleza y el territorio.

 

Estas reacciones han generado -como respuesta inmediata- el surgimiento de movimientos sociales encargados de proteger sus “semillas tradicionales” para garantizar la Soberanía Alimentaria, mientras que la  agroindustria busca imponer sus “semillas corporativas” para garantizar lo que ellos llaman la Seguridad Alimentaria.

 

Históricamente, la industria nace en Gran Bretaña durante la Revolución Industrial (en el Siglo XVIII) y éstas industrias tenían a cargo la transformación de materias primas en productos elaborados. De ahí que, avanzando en nuestra conversación, la agroindustria nacional ha perpetuado la producción de los monocultivos que, lastimosamente, solo favorece la evolución de la industria en la transformación de los  alimentos y su proyección hacia los mercados nacionales e internacionales, pero olvida a las comunidades de las que son nativas esas semillas convirtiéndose así en una barrera y no en un impulso a la producción en torno al respeto por las culturas y al comercio justo.

 

¿En Manos de quién están seguras nuestras semillas?

 

             Foto: www.gruposacsa.com.mx

 

Si la Constitución Nacional de 1991 logra recoger y promulgar derechos en torno a la posesión de la tierra, uno de los orígenes del conflicto en Colombia, ¿por qué no encontramos salidas como país para que la concentración no sea posible, en aras del bien común?

 

El problema no es de leyes; miremos lo que dice la Constitución:

 

• reconoce, en el Artículo 7, a los pueblos indígenas como una nación pluriétnica y multicultural;

• establece, en el Artículo 63, que las tierras comunales de grupos étnicos y las tierras de Resguardos son inalienables, imprescriptibles e inembargables;

• reafirma, en el Artículo 239, que los resguardos indígenas son de propiedad colectiva y no enajenable;

• asegura, en el Artículo 64, que es deber del Estado mejorar el ingreso y calidad de vida de los campesinos;

• y sanciona, en la Ley 160 de 1994, la necesaria Reforma Agraria, considerando que uno de sus objetivos es dotar de tierras a las comunidades indígenas para facilitar su función social y ecológica, conforme a sus usos y costumbres, preservar los grupos étnicos y mejorar la calidad de vida de sus integrantes.

 

Pero en la realidad es evidente y lastimosamente contradictorio que cuando hablamos de agroindustria, que es el paso necesario en el círculo del mercado, se convierte en justificar –con un juego poco claro de palabras- que no son las “semillas tradicionales”, libres de transgénicos,  sino que son las “semillas corporativas” las que tienen el apocalíptico poder que se otorga al Estado para proteger la producción de alimentos (Art. 65 CN, 1991), tal como lo plantea Diego José Cardona Triviño, cuando explica que el Estado es un  facilitador y promotor del modelo corporativo, con la emisión de normas en detrimento de los derechos campesinos e indígenas. Diego José  Cardona Triviño: “Soberanía alimentaria y protección de las semillas nativas y criollas en Colombia. Estudio de caso: Red Guardianes de Semillas de Vida”.

https://repository.javeriana.edu.co/handle/10554/21468 Entonces, ¿de cuál Estado estamos hablando?

 

¿De un Estado como un aparato ideológico represivo?

 

Según el filósofo francés Louis Althusser, con la reproducción de los medios de producción y la forma como estos “unen” aparentemente a los obreros en la producción de un determinado producto surge la división del trabajo y la manipulación en la vida del obrero a través de la máquina, para quien no hay más vida que la que el mismo funcionamiento de la máquina le dé. O sea, se trata de una especie de represión física e ideológica alienante, represiva, predominante, excluyente y enfermiza que funciona de forma masiva.

 

             Foto: www.editimage.club

 

Para teóricos como Antonio Gramsci y Michel Foucault, el Estado es un aparato entero que incluye la sociedad civil, las instituciones y los procedimientos privados, que se interrelacionan; y Max Weber explica que esa relación se da no como un simple conjunto de agencias y funciones de gobierno que están claramente separadas de la sociedad en general, sino como la sociedad misma. Entonces se transforma el concepto de Estado, dado que, lo que constituye son las relaciones sociales, las relaciones sociales y las instituciones gubernamentales donde los actores sociales funcionan como engranajes interrelacionados unos con otros que le permiten funcionar.

 

Aclarados estos conceptos, es responsabilidad de los pueblos garantizar el empoderamiento por la defensa y reivindicación del derecho a la Soberanía Alimentaria, la desobediencia civil y la resistencia popular como resultado de un trabajo en red.  Una labor de amor y perseverancia que garantice el cuidado y la conservación de las semillas nativas que están en peligro de desaparecer y ser sustituidas por las semillas transgénicas o agroindustriales. Con la llegada de la globalización las políticas favorecieron la privatización, el libre comercio y la comercialización de los recursos básicos de las poblaciones desfavoreciendo a los sectores más vulnerables de las sociedades, al revés de lo que promulga nuestra Constitución.

 

El trabajo en red promueve el diseño de sistemas de cultivo agroecológicos, los cuales fomentan un manejo integral de los componentes de la finca en armonía con la cultura, la salud y la naturaleza,  a partir de un ejercicio de soberanía territorial y por  la construcción de un Estado multicultural en Colombia.

 

 

Con los Tratados de Libre Comercio (TLC) entre los gobiernos de Colombia y de Estados Unidos entra en vigencia la Resolución 970/2010 del Instituto Colombiano Agropecuario –ICA- encargado de regular el control y la comercialización de las semillas y, de paso, fomentar el poder a las multinacionales al permitir la compra legal de semillas  “certificadas”. Obviamente, más privilegios para las grandes comercializadoras de alimentos y sus semillas genéticamente modificadas. Nuevamente son vulnerados los derechos e intereses de los pequeños agricultores campesinos.

 

La lucha ha sido ardua. Durante el paro agrario en el 2013, el gobierno de Juan Manuel Santos se compromete a no aplicar la resolución 970 a las semillas nacionales y a trabajar en una mesa técnica el tema de las semillas, con delegaciones diversas, en la estructuración de una nueva propuesta sobres semillas certificadas que no afecten al productor agropecuario. Pero este anuncio del gobierno terminó por ser considerado por los Agricultores como un engaño puesto que en ningún momento el gobierno suspendió esta norma que prohíbe a los campesinos almacenar sus semillas nativas y criollas.

 

No obstante los puntos acordados en la mesa técnica con el gobierno nacional para congelar la resolución 970/2010, además de revisar y renegociar los capítulos agropecuarios de los TLC con Estados Unidos y la Unión Europea, no fueron tenidos en cuenta por este Gobierno, quien se limita solamente a presentar una propuesta alternativa que reemplaza la resolución 970/2010 por la resolución 3168 del ICA de 2015 sobre semillas.

 

Esa situación afecta a los campesinos y a toda la sociedad y favorece a multinacionales como Monsanto, Dupont y Syngenta, reconocidas empresas por su distribución en el mercado de los alimentos transgénicos. Se evidencia así una situación de desigualdad social, económica, política y cultural en la medida que se atenta contra prácticas ancestrales de la agricultura, el detrimento patrimonial de los campos, el consumo y distribución perversa de alimentos genéticamente modificados que afectan la salud humana.

 

Lo que es más alarmante es que la ley establece sanciones económicas y de cárcel para quienes almacenen sus propias semillas, la seguridad alimentaria de los colombianos en decadencia; impera la corrupción, la mafia agroindustrial predominando las políticas de los inescrupulosos que favorecen sus propios intereses y los de sus grandes multinacionales.

 

Las denuncias se han hecho más visibles y los actores sociales se siguen organizando. Sus esfuerzos y compromisos han tenido respuestas positiva. Han recibido respaldo de varios países, comprometidos defensores dedicados a sembrar, conservar e intercambiar semillas para  garantizar la conservación, la sabiduría y prácticas agrícolas tradicionales. Han creado centros de origen y centros de domesticación de las plantas cultivadas como opción para su conservación.

 

Crearon el Grupo Redes de Semillas, la Red de Custodios y Guardianes, las Casas Comunitarias de Semillas Nativas y Criollas. El objetivo principal es el aprovisionamiento local de semillas para el logro de la Soberanía Alimentaria. Cambiaron el concepto de “agronegocio” por el de agroecológico. Crearon Bancos de Semillas que son propiedad de los agricultores. Rescataron la tradición ancestral de la relación incondicional y respetuosa que debe perpetuarse entre agroecología y el agua, con el llamado de la madre tierra de cuidar la vida. Respaldaron la domesticación de semillas como una actividad que resalta el valor gastronómico, cultural y ancestral. Fortalecieron el proceso de sembrar, recoger, seleccionar, intercambiar semillas y preparar los alimentos como una sabiduría y práctica ancestral, promoviendo que este legado universal sea considerado como patrimonio cultural de la humanidad.

 

             Foto: www.atiquigua.co

 

Para concluir, la conocida activista, política ambientalista y pacifista indígena colombiana Ati Quigua planteó que “Es hora de que seamos reconocidos de cerca, a pesar de que llevamos siglos trabajando en la activación de los puntos sagrados del territorio que guardan las enseñanzas de nuestros antepasados sobre el cuidado de la semilla. Como ejercicio político, es fundamental restaurar la relación fundante de nuestra identidad con la madre tierra desde el Senado de la República”.

 

Enlaces de interés

 

Esta es una especie de guía para encontrar las redes de semillas en Colombia. No perdamos de vista que hay redes en España y otros países.

file:///C:/Users/USUARIO/Downloads/guia-redes-de-semillas-2017.pdf

 

Información básica sobre colectivos que trabajan en torno a las semillas nativas:

http://semillasdeidentidad.blogspot.com/2014/07/semillas-nativas-y-criollas-libres-de.html

 

La Red de Guardianes de Semillas de Vida (RGSV) es una organización de base que busca unir voluntades, intereses, afectos y acciones concretas frente a la conservación de semillas tradicionales y nativas de cada región, bajo los principios de la agroecología, la soberanía alimentaria, la conservación de la tierra y el conocimiento tradicional:

https://www.colombia-redsemillas.org/

 

“La Red de Semillas Libres, pretende fortalecer y visibilizar los procesos locales de recuperación, manejo y libre circulación de semillas, difundir información y promover acciones de incidencia frente a las políticas y leyes que permiten la privatización de las semillas, la expansión de la agricultura corporativa y los cultivos transgénicos, que amenazan los sistemas vivos de semillas y la soberanía y autonomía alimentaria de los pueblos y comunidades en Colombia. Igualmente se busca articular acciones, redes y circuitos en los ámbitos locales, regionales, nacionales e internacionales en defensa de las semillas y la soberanía alimentaria de los pueblos.”

http://www.semillas.org.co/es/campanas/red-de-semillas-libres-de-colombia

 

 

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